Según Freud la represión es la base de la cultura. Y me parece que nada puede ser más contundentemente cierto. A todos se nos enseña a reprimir nuestros pensamientos, ideas y sentimientos desde niños, porque puede ser de "mal gusto" expresarlos, y cuando el daño ya está hecho y crecemos volcando hacia dentro toda esa represión, la tarea de la terapia será explorar qué deseo, sentimiento o vivencia reprimida nos está ocasionando tal afectación o malestar. Nos acostumbramos a no decir lo que pensamos, y mucho menos lo que sentimos, nos volvemos islas, rodeadas de un mar suficientemente distante para nuestro confort o seguridad. Es mejor no decir cuánto necesitamos de algo o alguien porque corremos el riesgo de dejar de ser indepedientes,¿pero habrá alguien que realmente lo sea del todo? Otra parte de la condición humana es su necesidad de relacionarse para satisfacer todo tipo de necesidades, pero hay una muy importante que no se compra en las tiendas ni se satisface con un buen plato de comida, la necesidad afectiva. La que vivimos reprimiendo constantemente, porque alguna decepción nos ha marcado y el pavor de no sentirnos correspondidos nos mantiene alejados. Nos da miedo dar más por recibir menos, y continuamos acumulando hasta que llega un momento en el que toda esa necesidad reprimida se ve colapsada. La simple idea de seguir depositando en un contenedor que no posee más capacidad es inverosímil, cuando ya no nos cabe más represión, tal vez sea mejor empezar a repartir.
Recientemente escuché el consejo de una de esas "gurús" de los medios, invitando a mostrarle nuestro cariño o agradecimiento a alguien que lo mereciera. No era importante la ocasión, ni la fecha, sólo manifestarnos en palabras. La idea me pareció muy interesante, aún más cuando entendí la importancia del contacto humano, el que se palpa, el que se consigue con un fuerte abrazo. Comprendí que esas notas de agradecimiento o cariño son abrazos con palabras, y al enviarlas sé que alguien recibirá un abrazo y tal vez con un poco de suerte yo lo reciba de vuelta.
Un abrazo me parece una imagen perfecta de contrarrestar la represión afectiva. Así que hoy amigos míos, les mando abrazos a todos: con palabras, a través de la red o si los veo por allí seguramente recibirán un buen abrazo con el ritmo y movimiento que un auténtico abrazo merece.
"Cerrar círculos" en las palabras de Paulo Coelho parece una idea absolutamente inevitable para continuar nuestra vida,pensamientos llenos de sentido y verdad que impulsan un fuerte argumento enfocado a una nueva actitud, en medio de un mundo que se transforma constantemente a una velocidad que nos impide tomar un respiro para poder asimilar todos los cambios que estamos enfrentando. Dice Coelho: "Un proceso de aprender a desprenderse" sin embargo la resistencia al cambio es una condición inherente al ser humano que ha sido educado con hábitos y costumbres, se nos invita a romper con el pasado cuando lo que hemos aprendido nos ha tomado años y nos ha dejado apegos. Y qué decir de las costumbres que nos acompañan desde la infancia, o las herencias de patrones sociales, ¿cómo podemos despojarnos de ellas para cerrar los círculos? La repetición de una actividad diaria por un periodo mayor a treinta días ayuda a sentar las bases para un nuevo hábito, y si debemos romper con él, ¿cuántos días debemos ejercer su no repetición para dejarlo atrás?, y qué peligroso entonces adquirir nuevos hábitos que pueden formar parte de nuestra vida. Son tantos los cambios a los que estamos expuestos, la crisis económica mundial nos hace lidiar con un cambio en nuestro estilo de vida, perder el trabajo, perder el status social, aceptar, ajustarse y cambiar. Una avalancha de divorcios que pareciera un tema generacional, replantea las bases de la familia que se basan en el matrimonio, una crisis en las relaciones humanas de por sí complicadas, perder la pareja, perder la estabilidad emocional, aceptar, ajustarse y cambiar. Al final lo difícil es saber qué es lo que nos retiene en un espacio del tiempo ubicado en nuestra vida, será el sentido de pertenencia, la pura costumbre o el temor de conquistar nuevos retos por mantenernos asidos a una aparente estabilidad. Queremos dejar puertas abiertas siempre porque es difícil cerrarlas por completo, aunque tal vez tapiar el hueco de una que se cierra definitivamente será la única posibilidad de abrir otra entrada o salida, a una nueva oportunidad. Pero es cierto, cargar un equipaje tan pesado no permite viajar más lejos, es mejor tomar lo que viene como es, sin expectativas ni condiciones, sin compromisos, "sin apegos", desprendiéndonos fácilmente de lo que se queda atrás... Pero no será esa falta de compromiso la que provoca rupturas, o esa falta de apego la que genera situaciones en las que hasta la estructura de una organización se debilite por falta de valores morales.
Don´t believe in love - Dido
Sí, hay daños colaterales, efectos secundarios o como cada quien decida llamarles, después de cerrar círculos; ¿será por eso que nos cuesta tanto trabajo hacerlo? Para los escritores, grupo en el que me incluyo humildemente como "artesana de las letras", leí en algún sitio que esa incapacidad de cerrar círculos es la fuente de creatividad que aflora en palabras infinitas cargadas de recuerdos y sentimientos relacionados con el pasado. O bien tal vez el hecho de no cerrar círculos facilmente atiende a lo que ya dije antes: La condición inherente al ser humano de resistirse al cambio.
Habrá que aprender entonces a crearnos una nueva actitud y mediar la situación porque claro está que es necesario, dejar atrás lo que no nos sirve o hace daño y tal vez viajar más ligero, aceptar los cambios que se presentan ya sea voluntaria o involuntariamente, asumir decisiones e implicaciones y un camino hacia delante, difícil idea la de convertirnos en individuos que logran construir y destruir apegos a voluntad. Aunque al llegar los momentos de verdad que marcan nuestro camino no habrá otra opción.
Hay diferentes momentos en la vida, horas para pensar y reflexionar, horas de brillo y felicidad, instantes de profundo dolor o intensa dicha, pero hay otras que son simplemente horas de fiesta...
"Horas de fiesta"
-¿En dónde es la fiesta? –Pregunta ansioso Daniel, por tercera ocasión. Con toda paciencia, Ana le responde por cuarta vez -En casa de Laura. Debes poner atención. -Está bien –dice Daniel frunciendo el ceño. -Observa por dónde vamos, es muy bueno orientarse. Disfruta del recorrido ¡mira que bonitos edificios!, -agrega Ana, mientras conduce en medio de una transitada avenida de la ciudad, con una optimista sonrisa dibujada en el rostro. -Son muchas calles para recordar –replica él con cierto enojo. -No si pones atención –insiste ella. -¡Esto no me gusta! Ni siquiera alcanzo a leer todos los nombres -afirma Daniel ahora en tono de protesta -¡manejar es divertido! Eso quisiera hacer. -Ya sabes que no puedes. Empieza por fijarte en las calles y si un día de éstos te dejo manejar, podrás regresar a casa sin problemas. –Argumenta Ana en un tono conciliador. El tiempo pasa más lento, con las mismas preguntas, el calor y tantos autos. A Daniel le agradan las visitas a casa de Laura y aunque no pasó mucho tiempo le parece una eternidad desde la última vez que estuvo allí. El gusto que siente, lo obliga a preguntar nuevamente. -¿En dónde es la fiesta? -¿Otra vez Daniel? Me preguntaste hace diez minutos, ya te dije que pongas atención. -¡No es cierto! Si no quieres contestarme no lo hagas, pero no te enojes conmigo –señala decepcionado. Porque él en verdad no recuerda lo que le preguntó a Ana, está distraído con sus pensamientos. Daniel se entretiene en la reunión, pero después de una o dos horas, mientras Ana descansa de las repetidas preguntas y disfruta de una conversación entre adultos, se acerca a ella y de manera insistente le pide volver a casa. -¡Quiero irme! -Espera un poquito, estoy platicando. -Llevamos mucho tiempo aquí, ¡vámonos ya! -Aún no Daniel, llegamos hace una hora, fue largo el camino pero... -¡No quiero estar aquí! -Interrumpe Daniel caprichosamente. Con una voz enérgica Ana le advierte -¡Nos quedaremos aquí una hora más y después nos vamos! Daniel aprieta los labios y muy enojado se sienta en el sillón, lejos de la mesa en donde los demás terminan de comer el pastel que Ana preparó. -¿No quieres una rebanada? ¡Es tu favorito! -Insiste Ana con ánimo de aliviar el capricho. Pero Daniel no se toma la molestia de contestar, ahora observa a todas esas personas con las que Ana está hablando y aunque algunas le resultan conocidas, sólo tiene interés en volver a casa. Es mejor cerrar los ojos por un momento, está cansado y quizá pueda dormir, así la espera le resultará menos desagradable. Ha pasado otra hora y fue un alivio para Ana porque necesitaba desahogarse. Todos le dieron consejos y trataron de consolarla pero nadie pudo entender lo que ella siente. Su vida cambió desde que perdió a su compañero, fueron muchos años y la soledad es difícil, aún compartida. Ella busca un modo de salir adelante pero a veces con la tristeza, la paciencia no es su mayor virtud y Daniel logra ponerla a prueba constantemente. Para él tampoco ha sido fácil, su mundo se escapa de la realidad pero hay momentos en los que sí logra reconocer el dolor de su pérdida. Él se refugia en todos los objetos que integran su entorno diario, dentro de ese espacio se siente seguro. Ella en cambio quiere escapar, procura hacer contacto con los demás para que le ayuden a encontrar fuerza y soluciones, pero Daniel la arrastra siempre al mismo sitio, de vuelta a casa. Un fuerte ruido se escucha afuera, los niños que juegan con una pelota en el patio, rompen una ventana, Daniel se despierta en un sobresalto, sus ojos denotan gran inquietud, ve alrededor y no logra encontrar a Ana. Al salir todos a cerciorarse que los chicos están bien, nadie se da cuenta de la expresión de Daniel, está perdido, desde su sillón trata de reconocer algo o a alguien pero en este momento no es capaz. Por fin Laura se acerca y le dice -¿Qué te pasa? -Daniel no contesta, no escucha, en este momento no puede reconocer a Laura, sólo confía en su mirada con la que continúa recorriendo la amplia estancia, su corazón late fuerte, angustiado. -¿Estás buscando a mi mamá? -Le pregunta Laura. Tales palabras logran que Daniel la observe sorprendido. -¿Dónde está Ana? -Pregunta Daniel casi a punto de llorar, de pronto su rostro se ilumina al verla entrar en la sala como en una mágica aparición, exhala profundo recuperándose finalmente. Ella percibe su inquietud y se apresura a decirle con una voz consoladora -Aquí estoy mi amor ¿ya te quieres ir, verdad? -Sí, vámonos a casa –responde más tranquilo. Laura le dice -¿Estuviste contento papá? Daniel desorientado, desvía su mirada interrogante hacia Ana. Ella le repite por séptima ocasión -Es Laura, nuestra hija ¿no te acuerdas? -¿Sí? -Contesta titubeante, perfilando un gesto condescendiente en su rostro. Ana es quien posee la memoria que él ha perdido, la herencia en vida de su mayor legado, una carga a veces demasiado pesada para ella. Ana y Daniel suben al auto que hace poco tiempo él todavía conducía, los hijos y los nietos agitan sus manos despidiéndose ante la aliviada y gentil cara del abuelo que no reconoce a la mayoría. Ana arranca y conduce hacia el lugar en donde Daniel se siente seguro, la casa que vio crecer a sus hijos y jugar a sus nietos. Ahora hay menos autos en la calle, no será tan largo el regreso. -¿En dónde es la fiesta? –Pregunta emocionado. -La fiesta ya pasó Daniel, ahora vamos de regreso a casa. –Contesta Ana paciente. Una lágrima se escapa de su voluntad. -¿A casa? ¡Qué bien! -Concluye sonriente y satisfecho. -Sí mi amor, a nuestra casa.
La palabra ecléctico me gusta, cómo suena y lo que significa. Una connotación filosófica en la corriente del eclecticismo, también así se conoce un estilo arquitectónico cuyas construcciones no escapan a la mirada inquieta de quien los descubre; como estilo decorativo suele demostrar más carácter delante de los apegados a la línea que los define. El ecléctico se permite tomar un poco de cada idea con el fin de crear un todo diferente.
El término eclecticismo del griego eklegein, «escoger» per se, implica opciones y alternativas. Una actitud abierta, más allá de la simple aceptación de diversidad, se compromete con una incorporación de la misma dentro de un mundo que presenta parámetros diversos preestablecidos, pautas lineales a seguir, caminos que se vuelven más interesantes a partir de la ruptura de esquemas, dando lugar al descubrimiento de un revival interior cargado de una nueva dimensión dentro del mismo ser ahora dotado de un significado: ecléctico.
¿De dónde me llegó lo ecléctico hoy? De Tantra Tribe, una propuesta distinta y cautivadora para mí en cuanto a música ecléctica. La mezcla de distintos elementos da lugar a un concepto poco convencional, cánticos árabes y contemporáneos fusionados con instrumentos que atesoran una identidad cultural propia.
Esta visión ecléctica es el toque de cardamomo que me sembró hoy las ganas de buscar un escenario distinto para continuar. Un inicio de año me parece increíblemente conveniente para ponerse a tono ecléctico, las alternativas flotan dispersas y lo único que hace falta es elegirlas y asumirlas. Se me antojan tantas, es bueno tener la libertad de ... Ser ecléctico.
El depositar en un cilindro los pedacitos de colores intensos recolectados en diferentes espacios y tiempos, puede convertirse en un caleidoscopio ecléctico de vida.
Para escribir muchas veces es la música la que me provoca, hay palabras que activan los botones que me avivan la voluntad y la ansiedad. Agradezco en este caso la riqueza de la palabra "Craving" al traducirla en español, es más que una palabra, son muchas con significados profundos. Craving significa anhelo, antojo,deseo ardiente, la urgencia de saciar. Así que Constant Craving por añadidura es como señala KD Lang al iniciar este video A human condition...
La letra es muy breve pero el mensaje es muy amplio.
"Constant Craving" KD Lang
Even Through the darkest phase Be it thick or thin Always someone marches brave Here beneath my skin Constant craving Has always been Maybe a great magnet pulls All souls towards truth Or maybe it is life itself That feeds wisdom To its youth Constant craving Has always been Craving Ah ha Constant craving Has always been
Para cerrar, en una conversación reciente con un buen amigo, mientras hablábamos de música favorita surgió un "craving" en mi mente, llamémosle "la canción que me gustaría que alguien me dedicara", puede que sea estúpidamente romántica pero no puedo negar que lo disfruto muchísimo, y la ganadora es:
"The way you look tonight"
Si me entienden bien, no es sólo la música, o la adorable y muy cursi letra, es el "mood" mezclado con el sentido del momento.
El combustible de la maquinaria del hombre son sus sueños y el sustento de los mismos es la pasión, la búsqueda insaciable de los sueños es entonces una condición del ser humano, que algunos eligen perseguir y otros no. Una invitación siempre abierta que les dejo para iniciar 2009.
Un abrazo y un beso con todo mi cariño para cada uno de los que comparten este espacio conmigo, mis mejores deseos para el año que viene, el cual estoy segura que nos traerá muchos deseos cumplidos. Por ti por mí, brindo por nosotros.