11 oct 2009

Pensamientos frente al mar


El mar me sigue llamando y cada vez que lo encuentro me dice cosas distintas, me hace ver el mundo de otro modo. Me cuenta historias de mi pasado que había olvidado, los surcos que voy haciendo en la arena húmeda se borran con la ola más ligera, diciéndole a mis sentidos que no importa nada más que volver a intentarlo.
Cada ola es el lapso del cual dispongo para escribir una nueva frase, para volverme a equivocar y sonreirle a la puesta de sol.
Quiero que la marea se lleve los restos de la tormenta, pero no es así, cuando vuelve la calma, regresan a la orilla del mar y no sé qué hacer con ellos...
Tal vez deba construir una fogata e incinerarlos de una vez, sin embargo la madera mojada no prende, dejaré pasar más tiempo para que una chispa baste consumiéndolos hasta el fin.
Sólo quiero flotar en el mar, no voy a nadar más contracorriente, escribiré mil palabras al viento y las veré caer con la lluvia acompañada de rayos estruendosos que ya no me asustarán más, luego me sentaré a esperar el alba que siempre llega, y con un espresso en la mano contemplaré el amanecer que siempre quise beberme, sola y a mi salud.




Cada instante, cada ola, cada nuevo comienzo, es una oportunidad de escuchar los susurros del corazón: "Costa del Sol" por Christophe Goze

1 jul 2009

Regresé de nuevo al mar

Soy del mar, eso es un hecho, cada vez que puedo apreciar su calidez y magnífica belleza me parece irresistible la idea de rendirme a sus olas.

Me sumerjo en nostálgicos recuerdos acumulados desde la infancia, siempre dejándome llevar por su inmensidad y sensualidad que revienta tras contenerse una y otra vez.
Las horas se detienen en su paz, en su cadencia que restriega sal y arena en complicidad con el sol sobre mi piel, dejando la marca de su huella tostada.
Su voz implacable de día y susurrante de noche, me dice cosas que no había escuchado hasta ahora, es una voz grave y sostenida que gime sin que nadie más la escuche, pasaron años para que pudiera entenderla.


Me llama el mar siempre porque sabe que le pertenezco, porque me tiene cautiva y no quiero escaparle. Sabe que siempre seguiré regresando para encontrar los fragmentos de mi vida que han ido fundiéndose en la claridad de sus aguas, en la profundidad de sus abismos que ante mi mirada se acortan en el breve e infinito horizonte.





"Io Dal Mare"
Saranno stati scogli di carbone dolce
dentro il ferro liquefatto
di una luna che squagliò un suo quarto
come un brivido mulatto
o un bianco volar via di cuori pescatori
acqua secca di un bel cielo astratto
chissà se c'erano satelliti o comete
in un'alba senza rughe
larghe nuvole di muffa e olio
appaiate come acciughe
o una vertigine di spiccioli di pesci
nella luce nera di lattughe
e io
Dal mare venni e amare mi stremò
perché infiammare il mare non si può
aveva forse nervi e fruste di uragani
scure anime profonde
tra le vertebre di vetro e schiuma
urla di leoni le onde
o tende di merletto chiuse su farine
corpi caldi di sirene bionde
forse era morto senza vento nei polmoni
graffio di cemento bruno
barche stelle insonni a ramazzare
nelle stanze di Nettuno
o turbini di sabbia tra le dune calve
sulle orme perse da qualcuno
e io
Dal mare ho il sangue e amaro rimarrò
perché calmare il mare non si può
i miei si amarono laggiù
in un agosto e un altro sole si annegò
lingue di fuoco e uve fragole
quando il giorno cammina ancora
sulle tegole del cielo
e sembra non sedersi mai.
e innanzi al mare ad ansimare sto
perché domare il mare non si può
e come pietra annerirò
a consumare
a catramare
a tracimare
a fiumare
a schiumare
a chiamare
quel mare che fu madre e che non so...

24 may 2009

Un instante de café ...


Una breve nota con apenas algunas palabras, la perspectiva de un sueño irreal difícil de acariciar.
Me acompañan los recuerdos de los momentos que aún no hemos vivido.
Me bebo el café sin lograr reconocer en tu mirada la misma intensidad.
No serás tú ahora, ni hoy, ni en este lugar, tal vez serán los rumores apenas escuchados que concilian el eco de mis fantasías queriendo reinventar este mundo una vez más.

Cuando miro alrededor ya no estás... sólo encuentro la taza de café vacía.
De nuevo me equivoqué, estoy enamorada del amor y de los granos de café que me hacen viajar a cada instante que he atesorado a tu lado y a cada instante que hoy no pude leer en tus intenciones, una vez más.
Déjame ir entonces, y al mismo tiempo dame un instante de café para no pensarlo más.

2 may 2009

Un adiós sin despedida

Miro hacia atrás, apenas un mes con algunos días que escribí la última entrada y me doy cuenta que ese tiempo puede convertirse en una eternidad.

Mi vida cambió, eso es un hecho, todos los días cambia un poco pero esta vez la sucesión de eventos me llevó en un abrir y cerrar de ojos a una realidad totalmente inesperada.

Primero hice un viaje que me mantuvo fuera casi por tres semanas, en el que lo vivido me hizo reformularme una serie de preguntas que aún trato de resolver.

Al regresar, mi padre, mi queridísimo padre, estaba contando sus días en cuenta regresiva, pero nadie lo sabía.
Pude disfrutar de algunas charlas más a su lado, de momentos que hoy atesoro como los más especiales y los últimos, pero no pude despedirme de él.

Debe ser casi imposible saber cuál es el justo momento de despedirse de alguien que partirá para siempre, pero extraño esos momentos robados, ese último beso en la mejilla acompañado de sus dulces palabras que ya no pude darle en vida por última vez.

Hoy a quince días de su muerte me doy cuenta que cada día que pasa es más difícil carecer de su presencia, que ya no está aquí, aunque su esencia sí, pues lo siento cerca, muy cerca.
Ya entendí que no nos despedimos porque no era necesario...

Y finalmente hoy el ambiente está enrarecido, las calles de mi ciudad están desiertas, y aquellos que las transitan llevan puesto un tapabocas, no tienen permitido tocar a nadie porque a todos nos da miedo morir.



En memoria de Manuel Silva Puga mi amado padre:

Faltaba un mes para que un hombre maravilloso cumpliera 75 años de vida, justo un mes antes de llegar a la celebración, el día 17 de abril de 2009, su corazón tan grande, tan generoso, tan espléndido y siempre noble dejó de latir.

El nombre de mi padre era Manuel igual al del suyo, algunos le llamaban Manuelito de puro cariño porque él era grande en todos sentidos, don Manuel con gran respeto le decían otros, o el güero como atinadamente le decía su mamá Lupita atendiendo a la complexión de su tez.

Hablar de la nobleza de mi padre es muy fácil, siempre estaba dispuesto a hacer a un lado las rencillas, buscando la conciliación y el estar en paz.
Su generosidad no le permitía guardar un billete en la bolsa sin pensar primero en el bienestar de los suyos, tal vez recompensar a alguien con una buena propina o una dádiva para ayudar al necesitado en la supervivencia de su día. Afortunados aquellos que se topaban con él, no sólo recibían una limosna sin rogar, sino una desinteresada sonrisa acompañada de la mirada más dulce de unos bellos ojos verde agua, verde mar.

El esposo fiel y amante, incondicional a las necesidades de su siempre tan querida Aída, a quien conoció en un baile de “té danzante” en el Salón Riviera hace más de 50 años, después de hacerla adivinar su nombre... el cuál, ella acertó. A partir de entonces se convirtió en su romántico compañero al ritmo de “Night and day”, su canción; espléndido siempre, obsequiando flores, perfumes, regalos y detalles a su eterna novia.
En las buenas y en las malas a lo largo de 50 años de matrimonio, fue un hombre que se dejó llevar por el amor hacia su esposa y las 4 hijas que tuvimos el honor de tenerle como padre.

El padre siempre cariñoso y consentidor; mijita, güereja, nos decía a Laura, Aidola, Martha y a mí. A veces enérgico cuando quería ahorrarnos alguna mala decisión, otras argumentando con su experiencia y enseñándonos un poco de todo lo que había aprendido en la vida, pero siempre con mucho cariño.

En su trabajo se distinguió como un confiable asesor de los concejos directivos de la empresa en la que responsablemente se desempeñó, durante la mayor parte de su carrera profesional como Contador Público, los compañeros y jefes le estimaban por su calidad ética en los puestos que ocupó a lo largo de su vida profesional, pero quien le conocía de cerca, no podía olvidarlo, siempre atento y amable, de pocas palabras pero lleno de sinceridad con sus amigos.

Este hombre amaba a su familia en todo sentido, a sus 5 mujeres que a menudo lo aturdían con sus conversaciones. El padre con el que se podía contar las 24 hrs del día o más aún si era necesario. Cuánto cariño nos regalaste papá, a tus “niñas” que hoy tienen a sus propios niños, todos y cada uno de esos nietos que disfrutaron su infancia a tu lado, al lado del abuelo Manuel, el abuelo consentidor.

Entiendo que no podías seguir aquí porque una maldita enfermedad te fue arrebatando de tu familia cada día, poco a poco te iba llevando, ahora lo sé, hacia una cita que desde hace días nos dijiste que tenías, una muy importante que debías atender.
La memoria no te ayudaba mucho pero tu corazón sí, ése fue el que te guió a tu gran cita en la que seguramente te esperaban ansiosos todos aquellos que te conocieron en vida y se adelantaron ya, también ellos te extrañaban como ahora lo hacemos nosotros.

Creo que lo justo para ti era que tu alma volviera a ser libre, para despojarte del cuerpo que ya no te servía como antes, para que pudieras recordar cuánto te amamos, cuánto te seguiremos amando y cómo, viviendo en nuestro corazón no has muerto, sólo te adelantaste para apartarnos los mejores lugares en el cielo, como siempre hacías, pensando primero en nosotros.

Ya no tengas ningún pendiente papá, porque aunque el dolor de haberte perdido aquí es muy grande, las bendiciones que sembraste en vida en cada uno de nuestros corazones hoy florecen y dan semillas, porque ese es el legado de un gran hombre, una gran familia que sigue unida y creciendo, que va a cuidar de tu querida y amada esposa, vete tranquilo papá porque aquí nadie te olvida, vete a encontrar tu paz en el lugar más pleno, en el lugar más especial, porque el alma de un hombre tan grande y maravilloso como tú, se merece un sitio privilegiado muy cerca de Dios.

Llévate nuestras palabras llenas de amor y déjanos tu maravilloso recuerdo en el corazón, que Dios te bendiga por siempre papá.


24 mar 2009

Karen Carpenter: una voz privilegiada

Cuando era niña, las mañanas de verano estaban acompañadas de una música que me parecía profundamente tranquilizante, poniendo en armonía todos los elementos de mi entorno en aquel momento, mi mamá preparaba en la cocina la comida que dejaba escapar aromas que me daban un anticipo del menú que disfrutaría en compañía de mis hermanas después, el patio fresco y amplio todo para mí me permitía extender el pequeño y glorioso imperio de mi vasta collección de Barbies, y aquellas canciones con una voz grave, profunda y acogedora envolvían mis horas de juego.


Recuerdo muy especialmente "Superstar", el parafraseo de su letra: Baby,baby,baby,baby oh baby, me hizo entender por primera vez que en inglés baby no significaba solamente bebé.




En aquella época no existían modelos talla 0, pero como en todas existía la inseguridad de la adolescencia.
Años más tarde, después de haber vendido mi infancia por 1000 viejos pesos, importe al que ascendió la venta del paquete completo (a excepción de algunas reliquias conservadas para mi futura propia hija) de aquel imperio de las Barbies con todos los sets respectivos y en casi perfecto estado. Ya habiéndome despojado de los restos de niñez, me vi delante de la inestabilidad que provocan los terribles cambios hormonales, la inseguridad del sobrepeso en un cuerpo que cambia y el sabotaje que el acné provoca en los difíciles años de adolescencia.
A esa edad se buscan respuestas con gran avidez en cualquier tipo de medios, y aunque entonces el concepto del desorden alimenticio era prácticamente desconocido, se empezaban a contemplar algunos de estos potenciale riesgos como un fuerte disparador de baja autoestima.
Recuerdo perfectamente un artículo titulado "Fat as a State of Mind" (La gordura como un estado mental), no tengo muy claro el nombre de la revista pero sí la caricatura que lo ilustraba, mostrando una chica con un cuerpo espectacular mirándose frente al espejo en donde la imagen estaba distorsionada ante su vista como la de una chica muy obesa.
La nutrición no era un tema muy popular, los conceptos de anorexia o bulimia eran aún desconocidos. Lo fueron para mí hasta que un día en el noticiero un 4 de febrero de 1983, se convirtieron en la causa de muerte de Karen Carpenter.





Me resultaba prácticamente imposible entender de dónde podía provenir la inseguridad de una mujer con tanto éxito, con una voz que no he vuelto a escuchar en nadie más. Con un aspecto atractivo que fue irremediablemente deteriorado por la terrible condición que al final le ocasionó un problema cardíaco fatal.

Una voz irrepetible, un talento difícil de igualar, sin embargo traicionado por una distorsión en el espejo de sus propios ojos.

Es claro que a medida que el problema empezó a estudiarse con mayor profundidad y los modelos de patrones a seguir fueron cambiando, la anorexia y bulimia dentro de las categorías de desórdenes alimenticios se han convertido en una amenaza que ataca a las mujeres por su lado más vulnerable.

Creo que no hay tarea más difícil que la de construir la seguridad interior de un ser humano, y en la mujer ese vano compromiso de belleza ante la sociedad la convierte en una víctima de las tendencias del mercado, de prototipos inverosímiles.
Aceptarnos como somos es un trabajo al que no debemos renunciar ningún día, mirarnos delante del espejo como seres únicos, especiales, talentosos y maravillosos es un compromiso que no podemos dejar en manos de otros que construyen imágenes artificiales para vender un producto imposible de adquirir pero que parecemos estar dispuestos a pagar a cualquier precio.



La belleza de una mujer se percibe en el tamaño de su sonrisa y no en el de su talla, la cual eventualmente irá dejando espléndidas arrugas que pondrán en evidencia con cuánta frecuencia brinda ese don de darse a sí misma a través de ese gesto, que siempre va acompañado de una luz en su rostro, en su mirada, lo cual no se pierde por el paso de los años, ni por el tamaño de su cintura.