18/01/2009

Horas de Fiesta

Hay diferentes momentos en la vida, horas para pensar y reflexionar, horas de brillo y felicidad, instantes de profundo dolor o intensa dicha, pero hay otras que son simplemente horas de fiesta...

"Horas de fiesta"

-¿En dónde es la fiesta? –Pregunta ansioso Daniel, por tercera ocasión.
Con toda paciencia, Ana le responde por cuarta vez -En casa de Laura. Debes poner atención.
-Está bien –dice Daniel frunciendo el ceño.
-Observa por dónde vamos, es muy bueno orientarse. Disfruta del recorrido ¡mira que bonitos edificios!, -agrega Ana, mientras conduce en medio de una transitada avenida de la ciudad, con una optimista sonrisa dibujada en el rostro.
-Son muchas calles para recordar –replica él con cierto enojo.
-No si pones atención –insiste ella.
-¡Esto no me gusta! Ni siquiera alcanzo a leer todos los nombres -afirma Daniel ahora en tono de protesta -¡manejar es divertido! Eso quisiera hacer.
-Ya sabes que no puedes. Empieza por fijarte en las calles y si un día de éstos te dejo manejar, podrás regresar a casa sin problemas. –Argumenta Ana en un tono conciliador.
El tiempo pasa más lento, con las mismas preguntas, el calor y tantos autos.
A Daniel le agradan las visitas a casa de Laura y aunque no pasó mucho tiempo le parece una eternidad desde la última vez que estuvo allí. El gusto que siente, lo obliga a preguntar nuevamente. -¿En dónde es la fiesta?
-¿Otra vez Daniel? Me preguntaste hace diez minutos, ya te dije que pongas atención.
-¡No es cierto! Si no quieres contestarme no lo hagas, pero no te enojes conmigo –señala decepcionado. Porque él en verdad no recuerda lo que le preguntó a Ana, está distraído con sus pensamientos.
Daniel se entretiene en la reunión, pero después de una o dos horas, mientras Ana descansa de las repetidas preguntas y disfruta de una conversación entre adultos, se acerca a ella y de manera insistente le pide volver a casa. -¡Quiero irme!
-Espera un poquito, estoy platicando.
-Llevamos mucho tiempo aquí, ¡vámonos ya!
-Aún no Daniel, llegamos hace una hora, fue largo el camino pero...
-¡No quiero estar aquí! -Interrumpe Daniel caprichosamente.
Con una voz enérgica Ana le advierte -¡Nos quedaremos aquí una hora más y después nos vamos!
Daniel aprieta los labios y muy enojado se sienta en el sillón, lejos de la mesa en donde los demás terminan de comer el pastel que Ana preparó.
-¿No quieres una rebanada? ¡Es tu favorito! -Insiste Ana con ánimo de aliviar el capricho. Pero Daniel no se toma la molestia de contestar, ahora observa a todas esas personas con las que Ana está hablando y aunque algunas le resultan conocidas, sólo tiene interés en volver a casa.
Es mejor cerrar los ojos por un momento, está cansado y quizá pueda dormir, así la espera le resultará menos desagradable.
Ha pasado otra hora y fue un alivio para Ana porque necesitaba desahogarse. Todos le dieron consejos y trataron de consolarla pero nadie pudo entender lo que ella siente. Su vida cambió desde que perdió a su compañero, fueron muchos años y la soledad es difícil, aún compartida.
Ella busca un modo de salir adelante pero a veces con la tristeza, la paciencia no es su mayor virtud y Daniel logra ponerla a prueba constantemente. Para él tampoco ha sido fácil, su mundo se escapa de la realidad pero hay momentos en los que sí logra reconocer el dolor de su pérdida. Él se refugia en todos los objetos que integran su entorno diario, dentro de ese espacio se siente seguro.
Ella en cambio quiere escapar, procura hacer contacto con los demás para que le ayuden a encontrar fuerza y soluciones, pero Daniel la arrastra siempre al mismo sitio, de vuelta a casa.
Un fuerte ruido se escucha afuera, los niños que juegan con una pelota en el patio, rompen una ventana, Daniel se despierta en un sobresalto, sus ojos denotan gran inquietud, ve alrededor y no logra encontrar a Ana.
Al salir todos a cerciorarse que los chicos están bien, nadie se da cuenta de la expresión de Daniel, está perdido, desde su sillón trata de reconocer algo o a alguien pero en este momento no es capaz.
Por fin Laura se acerca y le dice -¿Qué te pasa? -Daniel no contesta, no escucha, en este momento no puede reconocer a Laura, sólo confía en su mirada con la que continúa recorriendo la amplia estancia, su corazón late fuerte, angustiado.
-¿Estás buscando a mi mamá? -Le pregunta Laura. Tales palabras logran que Daniel la observe sorprendido.
-¿Dónde está Ana? -Pregunta Daniel casi a punto de llorar, de pronto su rostro se ilumina al verla entrar en la sala como en una mágica aparición, exhala profundo recuperándose finalmente.
Ella percibe su inquietud y se apresura a decirle con una voz consoladora -Aquí estoy mi amor ¿ya te quieres ir, verdad?
-Sí, vámonos a casa –responde más tranquilo.
Laura le dice -¿Estuviste contento papá?
Daniel desorientado, desvía su mirada interrogante hacia Ana. Ella le repite por séptima ocasión -Es Laura, nuestra hija ¿no te acuerdas?
-¿Sí? -Contesta titubeante, perfilando un gesto condescendiente en su rostro.
Ana es quien posee la memoria que él ha perdido, la herencia en vida de su mayor legado, una carga a veces demasiado pesada para ella.
Ana y Daniel suben al auto que hace poco tiempo él todavía conducía, los hijos y los nietos agitan sus manos despidiéndose ante la aliviada y gentil cara del abuelo que no reconoce a la mayoría.
Ana arranca y conduce hacia el lugar en donde Daniel se siente seguro, la casa que vio crecer a sus hijos y jugar a sus nietos.
Ahora hay menos autos en la calle, no será tan largo el regreso.
-¿En dónde es la fiesta? –Pregunta emocionado.
-La fiesta ya pasó Daniel, ahora vamos de regreso a casa. –Contesta Ana paciente. Una lágrima se escapa de su voluntad.
-¿A casa? ¡Qué bien! -Concluye sonriente y satisfecho.
-Sí mi amor, a nuestra casa.


Susana Silva
Enero 2008

Para Ana y Daniel con todo mi amor.

"Fly me to the moon" - Frank Sinatra

07/01/2009

Ánimo Ecléctico



La palabra ecléctico me gusta, cómo suena y lo que significa. Una connotación filosófica en la corriente del eclecticismo, también así se conoce un estilo arquitectónico cuyas construcciones no escapan a la mirada inquieta de quien los descubre; como estilo decorativo suele demostrar más carácter delante de los apegados a la línea que los define.
El ecléctico se permite tomar un poco de cada idea con el fin de crear un todo diferente.





El término eclecticismo del griego eklegein, «escoger» per se, implica opciones y alternativas. Una actitud abierta, más allá de la simple aceptación de diversidad, se compromete con una incorporación de la misma dentro de un mundo que presenta parámetros diversos preestablecidos, pautas lineales a seguir, caminos que se vuelven más interesantes a partir de la ruptura de esquemas, dando lugar al descubrimiento de un revival interior cargado de una nueva dimensión dentro del mismo ser ahora dotado de un significado: ecléctico.

¿De dónde me llegó lo ecléctico hoy? De Tantra Tribe, una propuesta distinta y cautivadora para mí en cuanto a música ecléctica. La mezcla de distintos elementos da lugar a un concepto poco convencional, cánticos árabes y contemporáneos fusionados con instrumentos que atesoran una identidad cultural propia.



Esta visión ecléctica es el toque de cardamomo que me sembró hoy las ganas de buscar un escenario distinto para continuar. Un inicio de año me parece increíblemente conveniente para ponerse a tono ecléctico, las alternativas flotan dispersas y lo único que hace falta es elegirlas y asumirlas. Se me antojan tantas, es bueno tener la libertad de ... Ser ecléctico.

El depositar en un cilindro los pedacitos de colores intensos recolectados en diferentes espacios y tiempos, puede convertirse en un caleidoscopio ecléctico de vida.