24/05/2009

Un instante de café ...


Una breve nota con apenas algunas palabras, la perspectiva de un sueño irreal difícil de acariciar.
Me acompañan los recuerdos de los momentos que aún no hemos vivido.
Me bebo el café sin lograr reconocer en tu mirada la misma intensidad.
No serás tú ahora, ni hoy, ni en este lugar, tal vez serán los rumores apenas escuchados que concilian el eco de mis fantasías queriendo reinventar este mundo una vez más.

Cuando miro alrededor ya no estás... sólo encuentro la taza de café vacía.
De nuevo me equivoqué, estoy enamorada del amor y de los granos de café que me hacen viajar a cada instante que he atesorado a tu lado y a cada instante que hoy no pude leer en tus intenciones, una vez más.
Déjame ir entonces, y al mismo tiempo dame un instante de café para no pensarlo más.

02/05/2009

Un adiós sin despedida

Miro hacia atrás, apenas un mes con algunos días que escribí la última entrada y me doy cuenta que ese tiempo puede convertirse en una eternidad.

Mi vida cambió, eso es un hecho, todos los días cambia un poco pero esta vez la sucesión de eventos me llevó en un abrir y cerrar de ojos a una realidad totalmente inesperada.

Primero hice un viaje que me mantuvo fuera casi por tres semanas, en el que lo vivido me hizo reformularme una serie de preguntas que aún trato de resolver.

Al regresar, mi padre, mi queridísimo padre, estaba contando sus días en cuenta regresiva, pero nadie lo sabía.
Pude disfrutar de algunas charlas más a su lado, de momentos que hoy atesoro como los más especiales y los últimos, pero no pude despedirme de él.

Debe ser casi imposible saber cuál es el justo momento de despedirse de alguien que partirá para siempre, pero extraño esos momentos robados, ese último beso en la mejilla acompañado de sus dulces palabras que ya no pude darle en vida por última vez.

Hoy a quince días de su muerte me doy cuenta que cada día que pasa es más difícil carecer de su presencia, que ya no está aquí, aunque su esencia sí, pues lo siento cerca, muy cerca.
Ya entendí que no nos despedimos porque no era necesario...

Y finalmente hoy el ambiente está enrarecido, las calles de mi ciudad están desiertas, y aquellos que las transitan llevan puesto un tapabocas, no tienen permitido tocar a nadie porque a todos nos da miedo morir.



En memoria de Manuel Silva Puga mi amado padre:

Faltaba un mes para que un hombre maravilloso cumpliera 75 años de vida, justo un mes antes de llegar a la celebración, el día 17 de abril de 2009, su corazón tan grande, tan generoso, tan espléndido y siempre noble dejó de latir.

El nombre de mi padre era Manuel igual al del suyo, algunos le llamaban Manuelito de puro cariño porque él era grande en todos sentidos, don Manuel con gran respeto le decían otros, o el güero como atinadamente le decía su mamá Lupita atendiendo a la complexión de su tez.

Hablar de la nobleza de mi padre es muy fácil, siempre estaba dispuesto a hacer a un lado las rencillas, buscando la conciliación y el estar en paz.
Su generosidad no le permitía guardar un billete en la bolsa sin pensar primero en el bienestar de los suyos, tal vez recompensar a alguien con una buena propina o una dádiva para ayudar al necesitado en la supervivencia de su día. Afortunados aquellos que se topaban con él, no sólo recibían una limosna sin rogar, sino una desinteresada sonrisa acompañada de la mirada más dulce de unos bellos ojos verde agua, verde mar.

El esposo fiel y amante, incondicional a las necesidades de su siempre tan querida Aída, a quien conoció en un baile de “té danzante” en el Salón Riviera hace más de 50 años, después de hacerla adivinar su nombre... el cuál, ella acertó. A partir de entonces se convirtió en su romántico compañero al ritmo de “Night and day”, su canción; espléndido siempre, obsequiando flores, perfumes, regalos y detalles a su eterna novia.
En las buenas y en las malas a lo largo de 50 años de matrimonio, fue un hombre que se dejó llevar por el amor hacia su esposa y las 4 hijas que tuvimos el honor de tenerle como padre.

El padre siempre cariñoso y consentidor; mijita, güereja, nos decía a Laura, Aidola, Martha y a mí. A veces enérgico cuando quería ahorrarnos alguna mala decisión, otras argumentando con su experiencia y enseñándonos un poco de todo lo que había aprendido en la vida, pero siempre con mucho cariño.

En su trabajo se distinguió como un confiable asesor de los concejos directivos de la empresa en la que responsablemente se desempeñó, durante la mayor parte de su carrera profesional como Contador Público, los compañeros y jefes le estimaban por su calidad ética en los puestos que ocupó a lo largo de su vida profesional, pero quien le conocía de cerca, no podía olvidarlo, siempre atento y amable, de pocas palabras pero lleno de sinceridad con sus amigos.

Este hombre amaba a su familia en todo sentido, a sus 5 mujeres que a menudo lo aturdían con sus conversaciones. El padre con el que se podía contar las 24 hrs del día o más aún si era necesario. Cuánto cariño nos regalaste papá, a tus “niñas” que hoy tienen a sus propios niños, todos y cada uno de esos nietos que disfrutaron su infancia a tu lado, al lado del abuelo Manuel, el abuelo consentidor.

Entiendo que no podías seguir aquí porque una maldita enfermedad te fue arrebatando de tu familia cada día, poco a poco te iba llevando, ahora lo sé, hacia una cita que desde hace días nos dijiste que tenías, una muy importante que debías atender.
La memoria no te ayudaba mucho pero tu corazón sí, ése fue el que te guió a tu gran cita en la que seguramente te esperaban ansiosos todos aquellos que te conocieron en vida y se adelantaron ya, también ellos te extrañaban como ahora lo hacemos nosotros.

Creo que lo justo para ti era que tu alma volviera a ser libre, para despojarte del cuerpo que ya no te servía como antes, para que pudieras recordar cuánto te amamos, cuánto te seguiremos amando y cómo, viviendo en nuestro corazón no has muerto, sólo te adelantaste para apartarnos los mejores lugares en el cielo, como siempre hacías, pensando primero en nosotros.

Ya no tengas ningún pendiente papá, porque aunque el dolor de haberte perdido aquí es muy grande, las bendiciones que sembraste en vida en cada uno de nuestros corazones hoy florecen y dan semillas, porque ese es el legado de un gran hombre, una gran familia que sigue unida y creciendo, que va a cuidar de tu querida y amada esposa, vete tranquilo papá porque aquí nadie te olvida, vete a encontrar tu paz en el lugar más pleno, en el lugar más especial, porque el alma de un hombre tan grande y maravilloso como tú, se merece un sitio privilegiado muy cerca de Dios.

Llévate nuestras palabras llenas de amor y déjanos tu maravilloso recuerdo en el corazón, que Dios te bendiga por siempre papá.